Ciudad de México.— A unas semanas de que termine el año, la capital del país apenas acumula 64 días catalogados como “limpios”, de acuerdo con los registros de la Dirección de Monitoreo Atmosférico. Esto significa que menos del 20 por ciento de los 335 días transcurridos han presentado condiciones favorables en calidad del aire.
En contraste, el Estado de México ha logrado 89 días sin superar los límites de contaminantes, mientras que al tomar en cuenta toda la Zona Metropolitana del Valle de México el promedio cae a 52 jornadas con aire en niveles óptimos.
Pese a los modestos avances, las contingencias ambientales se redujeron de manera importante: este año se activaron seis —cinco por ozono y una por partículas PM2.5—, lo que representa una caída del 50 por ciento frente a las 12 registradas el año pasado. Además, la duración promedio de cada contingencia fue de 24 horas, cuando en 2024 se acumularon 16 días completos bajo emergencia.
Las alertas por ozono se concentraron entre el 26 de febrero y el 25 de abril. El episodio más crítico ocurrió el 1 de febrero, cuando la medición alcanzó 168 partes por billón (ppb). En cuanto a las partículas finas PM2.5, la única contingencia del año se decretó el 1 de enero, con un pico de 110.8 ppb.
A lo largo del año se han registrado niveles variables de contaminantes como ozono, partículas PM10 y PM2.5, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y monóxido de carbono. Las concentraciones más elevadas fueron las de dióxido de nitrógeno, que llegó a 106 ppb en 330 días, mientras que el ozono superó los 90 ppb en 103 fechas y llegó a 60 ppb en otras 69. En cuanto a partículas, durante 275 días se reportaron 60 microgramos por metro cúbico de PM10, y en 289 jornadas se registraron 33 microgramos por metro cúbico de PM2.5.
La autoridad ambiental capitalina recordó que estos contaminantes tienen efectos directos en la salud. El ozono puede irritar las vías respiratorias, disminuir la capacidad pulmonar y agravar padecimientos como asma o enfermedades crónicas. Las partículas PM10 y PM2.5, por su parte, se asocian con un mayor riesgo de complicaciones respiratorias y cardiovasculares, y una exposición prolongada puede aumentar la probabilidad de enfermedades graves e incluso mortalidad.
