El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó la presión política y económica sobre Cuba al advertir que no habrá más envíos de petróleo ni recursos provenientes de Venezuela hacia la isla, al tiempo que sugirió que el gobierno cubano debería negociar con Washington para evitar mayores consecuencias.
El mandatario estadounidense lanzó el mensaje a través de su red social Truth Social, donde afirmó que Cuba dejó de recibir crudo y apoyo financiero venezolano y sostuvo que La Habana debería alcanzar un acuerdo con Estados Unidos “antes de que sea demasiado tarde”, sin detallar los términos de una eventual negociación.
Las declaraciones se producen en un contexto de mayor tensión regional, marcado por el reforzamiento del bloqueo petrolero contra Venezuela y la reciente operación estadounidense que derivó en la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro. De acuerdo con datos de transporte marítimo, desde principios de enero no se han registrado cargamentos de crudo venezolano con destino a Cuba.
Venezuela ha sido históricamente el principal proveedor energético de la isla. Tan solo el año pasado exportó alrededor de 26 mil 500 barriles diarios, lo que cubrió cerca de la mitad del déficit petrolero cubano, según registros de seguimiento de buques y documentos internos de la estatal PDVSA. No obstante, la reducción de la capacidad de refinación y las restricciones internacionales han provocado una disminución sostenida del suministro.
Ante este escenario, México ha ganado relevancia como proveedor alternativo de petróleo para Cuba, aunque los volúmenes se mantienen limitados. La presidenta Claudia Sheinbaum señaló recientemente que no se ha incrementado el envío de crudo, pero reconoció que, dadas las circunstancias políticas en Venezuela, México se ha convertido en un abastecedor relevante para la isla.
Desde La Habana, la respuesta no se hizo esperar. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, rechazó las afirmaciones de Trump y subrayó que Cuba tiene pleno derecho a adquirir combustible de cualquier país dispuesto a exportarlo. Asimismo, negó que el gobierno cubano haya recibido compensaciones financieras o materiales a cambio de servicios de seguridad prestados a otros Estados.
Rodríguez también criticó la política estadounidense hacia la isla, a la que calificó de coercitiva, y sostuvo que Washington recurre al chantaje y la presión militar como herramientas de política exterior.
La tensión aumentó luego de que Trump republicara un mensaje en el que se sugiere que el actual secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, podría convertirse en presidente de Cuba. El mandatario acompañó la publicación con un comentario favorable, lo que generó reacciones de rechazo por parte del gobierno cubano.
El presidente Miguel Díaz-Canel condenó lo que calificó como una escalada de hostilidad por parte de Estados Unidos y afirmó que su país no acepta lecciones morales de quienes, dijo, convierten incluso la vida humana en un negocio. Aseguró que las dificultades económicas que enfrenta Cuba son consecuencia directa de más de seis décadas de sanciones y medidas de asfixia económica impuestas por Washington.
“Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer”, sostuvo el mandatario, quien reiteró que la isla no representa una amenaza, pero está preparada para defender su soberanía.
Mientras tanto, evaluaciones de la comunidad de inteligencia estadounidense describen un panorama complejo para la economía cubana, con sectores como la agricultura y el turismo severamente afectados por apagones recurrentes, restricciones comerciales y la escasez de combustibles. Sin embargo, dichos análisis no respaldan plenamente la idea de un colapso inminente del gobierno cubano, como ha sugerido Trump.
